Telémaco vuelve a casa

De por qué amo a Julia Otero y otras meditaciones


Sabes, Julia Otero, creo que te amo. No me avergüenzo de decirlo alto y claro. Desde estas líneas que no sé si leerás, te amo. ¿Pero qué es amar? Y realmente, ¿quién te ama? ¿Soy yo en mi cuerpo de adulto mientras contemplo sereno un cielo azul intenso a orillas del Mediterráneo? ¿O es el recuerdo de aquel adolescente que fui quien te ama?

Porque amar es algo que dura en el tiempo y no se marchita, ¿verdad, Julia Dulcinea?

Hay una manzana roja y tersa a mi lado, crujiente de puntitos amarillos y de un verde fresco por arriba. Mientras mis dientes arrancan un trozo de pulpa, una explosión de aroma de manzana inunda mi boca, y poco a poco su sabor desmenuzado va nutriendo mi garganta … Observo la manzana mientras vuelvo a ponerla sobre la mesa e imagino que se posa en un universo imposible e intocable donde ella permanecerá siempre igual, apetecible y blancamarilla en su mordedura, por siempre esbelta y firme, siempre manzana, siempre sabrosa. ¿Será mi deseo por esa manzana algo parecido al amor?

¿Qué habrás pensado al leer este párrafo? Confío en que estas palabras han creado ya un lazo entre tu imaginación y la mía.

Pruebo a leerlas en voz alta y grabo mi voz. ¿No es sorprendente, Julia Penélope, no es mágico y milagroso, palpitante de emoción, que a través del lenguaje y la voz, miles de millones de años después de que apareciera la primera célula eucariota sobre La Tierra, estemos tu y yo conversando desde la imaginación?

Dime, Julia Ginebra, por favor, si no es esto la Verdad: el sabor imposible de la manzana. Por fin darse cuenta de la vida, mirar la vida desde la azotea, libre de miedo. Consciente de mi naturaleza. Lleno de compasión por el ser humano. Abrigando el deseo de ser bueno y hacer el bien, de progresar en el conocimiento.

¿O será que me engaño cuando me digo que te amo con deseo de manzana?

Qué gracioso, ¿verdad?, decir que te amo con deseo de manzana en un tuit. ¿A que no es lo mismo que decirte que te amo con este texto? Un texto que se alarga y que continuará hablando de filosofía, de educación y del futuro. Porque las cartas de amor requieren atención plena y paciencia para descifrar su sentido profundo.

De mi no sabes nada, quizá intuyes que me gusta leer, pero no sabes si fui un niño listo al que se le dieron mal los estudios ni si una noche lejana de verano creí ver, tumbado en un tejado, una flota de cruceros espaciales.

De ti yo sé tu personaje, hecho de retazos de voz y de tu cuerpo plano, pero de alguna forma te conozco. Por eso cuando me hablas desde tu programa "Julia en La Onda" te siento familiar y casi presente. Como el otro día cuando entrevistabas a dos profesores que habían escrito libros sobre filosofía. Te contaré lo que pasó.

Acababa de darme una ducha fría y estaba preparando una taza de té negro inglés con un chorrito de leche y una pizca de aceite de coco, cuando tu voz dice "los jóvenes no parecen tener tiempo para nada que no sea un titular"; tintinea la cuchara en la taza cuando una voz dice "qué complejo es sacar el mejor partido a la única vida de la que dispones"; el té está caliente, justo la temperatura que ni quema ni llega a estar tibia, cuando otra voz dice "la filosofía te va a obligar a sobrevivir en medio de la inquietud". Y entonces me di cuenta de que estoy adquiriendo un hábito muy curioso. Primero dejo que la realidad ocurra, inmerso en el momento presente. Y más tarde me sorprendo interrogándome: ¿qué recuerdo?, ¿qué he visto?, ¿qué han dicho?, ¿qué he leído?, ¿qué he entendido? De manera que la entrevista de verdad no es aquella que tu hiciste, sino la que yo escuché, jirones de ideas que se enlazaban con otras ideas en mi cabeza. Me fascina explorar cómo aprende mi mente. Aunque al final es como un lío de palabras que vuelven siempre sobre sí mismas, ¿verdad? Pero no me desalienta, porque filosofía es amor, amor a la sabiduría. Y tú y yo sabemos lo que eso significa.

¿Pero cómo hacer el camino, Julia Marina? Es precisa una teoría de la inteligencia que termine en la ética. Quizá creer en la Bondad y la Dignidad sea mejor que creer solo en la Verdad evasiva. Y también es preciso tener mentores. He descubierto de la mano de Brian Johnson que sí hay vasos comunicantes entre la filosofía práctica, la auto-ayuda, el coaching y el desarrollo personal.

¿Estaré despertando a un nuevo nivel de consciencia? No puedo evitar sumergirme en entrevistas de largo formato, como el podcast de Sam Harris, donde se argumenta y contra-argumenta con un lenguaje articulado. Al adolescente que fui le hubiera gustado estudiar este arte en la escuela. Una escuela donde César Bona me guiara para entender el presente tirando de los hilos de la curiosidad y de la creatividad. Una escuela donde Mar Romera me contara historias llenas de emoción. Porque entonces quizá formaría parte de la conversación a otro nivel, resolviendo con Nick Bostrom o Max Tegmark, el problema crucial de cómo crear una inteligencia artificial segura, alineada con los valores humanos.

Cuando imagino me disuelvo, perdóname Julia Musa, si a veces me olvido de tu apellido. Pero me maravilla que estemos hablando, contigo que has visto y oído tanto, ¿verdad que se siente uno bien así, escuchando y contando cosas? Pensaba el otro día dentro de un sueño que iba en un avión y Arturo Pérez-Reverte se sentaba a mi lado, yo siempre ventana, claro, dando las gracias al mundo. Pues bien, el escritor alatriste me saludó valiente, "Buenas, parece que viajamos juntos". Le miré brevemente a los ojos, sonriendo, y dije "Hola. Sí, parece que será un viaje interesante". Mientras me recostaba, note por el rabillo del ojo que al otro lado del pasillo se sentaba sólido Antonio Muñoz Molina. Tranquilo, supe que si perdíamos el rumbo y nos estrellábamos en una isla desierta, mi humanidad estaba salvada, mi camaradería y lealtad aseguradas. Conecté los auriculares a mi memoria de bolsillo y seguí escuchando una entrevista en blanco y negro a Julio Cortázar, que me hablaba a deshoras desde otro rincón del mismo laberinto que me permite hablar contigo ahora.

Como ya sabes algo de mí, me resulta fácil darte la mano como si paseáramos por la playa mirando olas cabalgando bajo el sol caliente. Te enseño el último libro de Steven Pinker y me arde una pregunta: ¿qué te parecería si entre todos rescatáramos los valores de la Ilustración y ayudáramos a crear instituciones que a través de la razón, la ciencia y el humanismo maximizaran el bienestar y el progreso de la humanidad?

Dime, Julia Borges, escribana de las ondas, mujer coetánea que envejeces como yo hombre, ¿es esto que estoy escribiendo, en realidad, para ti? No lo sé. Al final será verdad que solo sé que no sé nada. Quizá alguno pensará que es una carta de amor a la humanidad entera. Somos multitudes, tu y yo. En la última película de Isabel Coixet un personaje dice que "cuando leemos una historia, la habitamos" ¿Cómo habitar contigo esta historia real y pedirte que me ames como yo te amo?

Y así los pasos en la arena nos conducen a una cala donde quiero presentarte a mi grupo de amigos, una asociación altruista de personas que brillan llamada Desata Tu Potencial. Nos dedicamos a ayudar a que las personas aprendan a ser felices. Su principal labor social es divulgar la inteligencia emocional y la psicología positiva entre los adolescentes, colaborando en centros educativos.

Soy sincero, Julia Sofía, no tengo hijos que vayan a cambiar el mundo, ¿pero puede un profesor, un libro, un lápiz, un micro-momento-de-amor-digital mejorar el mundo?

Seguiremos hablando.

Espero.

Un beso, Julia Otero.

P.D. Hice lo que pude …